Nuevo encuentro de amigos de la infancia, nuevas emociones que renacen y se instalan dentro de nosotros, mientras recobran vida tantos recuerdos compartidos de aquellos años en los que comenzábamos a ser nosotros mismos. El día a día de mediados de la década de los sesenta moldeaba nuestra personalidad, en esos tiempos en los que la socialización constante, en el territorio lleno de promesas que era la calle, nos hacía interactuar, unos con otros, sin descanso, en aquellas tardes, tras finalizar el colegio, que parecían eternas. Compartíamos momentos abundantes en juguetes, tebeos, experiencias y sobre todo, imaginación. Bastaba un motocarro abandonado, uno de mis tantos recuerdos intensos, para iniciar una aventura conjunta, en la que se ubicaba cualquier dimensión que surgiera de nuestras fantasías, inmediatamente convergentes hacia la aventura imaginada.
domingo, 3 de septiembre de 2023
¡Son mis amigos...!
Nuevo encuentro de amigos de la infancia, nuevas emociones que renacen y se instalan dentro de nosotros, mientras recobran vida tantos recuerdos compartidos de aquellos años en los que comenzábamos a ser nosotros mismos. El día a día de mediados de la década de los sesenta moldeaba nuestra personalidad, en esos tiempos en los que la socialización constante, en el territorio lleno de promesas que era la calle, nos hacía interactuar, unos con otros, sin descanso, en aquellas tardes, tras finalizar el colegio, que parecían eternas. Compartíamos momentos abundantes en juguetes, tebeos, experiencias y sobre todo, imaginación. Bastaba un motocarro abandonado, uno de mis tantos recuerdos intensos, para iniciar una aventura conjunta, en la que se ubicaba cualquier dimensión que surgiera de nuestras fantasías, inmediatamente convergentes hacia la aventura imaginada.
miércoles, 23 de agosto de 2023
viernes, 28 de julio de 2023
Chanson d´amour
Son dos almas que se anhelan entre sí, dos amantes que se entregan el uno al otro, almas furtivas del mundo y de ellos mismos, envueltos en el ritual de la pasión. La vieja historia, que a menudo parece nueva. Se expande un universo, en aquel cuarto, en el lecho que los acoge desnudos, vigorosos, rozagantes, dando forma a un nudo vivo que juran no deshacer jamás. Y así, entre besos, caricias y abrazos, se sigue contrayendo el nodo, que se estrecha al unísono de suspiros y jadeos que se depositan en cristalinos frascos, alumbrados por la luna. La noche transcurre, reptando entre aquellas sábanas deshechas, hasta entregar a los dos apasionados en los brazos de un acogedor Morfeo.
Llega el alba y con ella, si bien débiles, los sonidos de la conciencia. La mujer se despierta, con un impulso de recuperar apresuradamente su ropa, sintiéndose culpable de su propia carne, pero cuando mira aquel rostro del que está enamorada, detiene el tiempo justo en esos momentos, en aquella luminosa habitación. Cuando él abre los ojos y ambos se contemplan durante una eternidad, el deseo renace y estalla de nuevo. Vuelven a mimarse, explorando con delicadeza la piel del otro, regándose entre sí a besos, nublando el sol, secando el mar. El cielo se resquebraja, como un débil cristal, cuando cuerpo y mente se diluyen entre sí, impulsados por vendavales inagotables.
Cuando asoma la llamada del hambre, de la sed, ambos recuperan fuerzas. Ya no son aquellos jóvenes que un día fueron, han pasado muchos años, décadas y, sin embargo, no han envejecido. Entre los muros de aquel templo del amor, que nunca han dejado de construir, el mundo hace una sentida reverencia a diario a los amantes, envidiosos los Dioses, salvo Cupido, que deposita ante ellos una ánfora llena de hidromiel, con un guiño de complicidad. Beberán en copas de metal, dejando que sus miradas se pierdan en los trazos abocetados por una aurora que invita al sol a desperezarse.
domingo, 16 de julio de 2023
¡Plas, plas, plas!
De nuevo, meses sin escribir: muy mala señal. El tiempo se ha sucedido, posiblemente desbocado, devorando esos momentos que quieren escapar de la dictadura impuesta por tantas inercias, de la alienación de los días a golpe de alarma electrónica, de todas las rutinas establecidas en esas líneas de la vida que insisten en moldear nuestros días, nuestras noches.
sábado, 18 de febrero de 2023
Vida y música
Con suerte, la banda sonora de múltiples momentos de nuestra realidad serán los propios de una orquesta sinfónica, con bellos y espléndidos sonidos, precediendo a hermosos allegrettos; en otras muchas ocasiones, sin embargo, apenas sonará un triste violín desvencijado. Las músicas de nuestras vidas son reflejo de la intensidad de las mismas, de la suma, de todos esos instantes que gozamos y sufrimos, de la euforia o la tristeza que nos provocan sus vivencias, del disfrute y la añoranza que nos provoca sus meros recuerdos, de la pesadumbre y el dolor que sabiamente postergamos en nuestra memoria, intentando olvidar todo aquello que no queremos rememorar.
Pero vayamos al deseo, que desprende su propia música: cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos, escribió Shakespeare. En mi caso, las ilusiones son inherentes al mar y el barco de Simbad, primer movimiento de Scheherezade de Rimski-Kórsakov, dado que probablemente, como exponía Borges, el deseo es como el wanderlust: cuando aparece es irrefrenable, no hay vuelta atrás, viajamos hacia él, partimos de puertos que hemos conquistado, dispuestos a cruzar mares repletos de incertidumbre, con tal de conseguir nuestros propósitos. Así es la vida, no dejamos de desear, probablemente para olvidar que no somos inmortales.
Justo en este momento, como eterno aprendiz a escritor, deseo encontrar todas esas palabras que rehúyen encontrarse conmigo y en consecuencia, emprendo un viaje junto a Simbad; ambos buscamos a Scheherezade, él impulsado por un deseo romántico irrefrenable, yo deseando escuchar sus historias. Mientras la proa del navío guillotina el mediterráneo, la famosa melodía arrebatadora y sensual en un solo de violín, acompañada por el arpa, suena dentro de mí. Cierro los ojos y puedo sentir la brisa marina, el sol deslumbrante en todos mis poros: no tengo dudas, las palabras vendrán en breve a mi encuentro. La vida, nada más.
lunes, 5 de diciembre de 2022
Lloviendo flores
Cuando éramos pequeños, aparte de pensar y actuar como niños, dejábamos deslizar nuestros sentimientos instantáneamente: la infancia estaba bendecida por la libertad de nuestros instintos. La tristeza y la euforia se permutaban entre sí como producto de esas emociones que vivíamos siempre intensamente. Pasábamos de la alegría desbordada al llanto incontrolable en cuestión de segundos, expandiendo nuestra impresionable conciencia. En aquellos años, ni los sentimientos eran tan emocionales, ni nuestros pensamientos tan racionales, nos limitábamos a reaccionar ante una realidad o más bien ante el ingenuo significado que le conferíamos a esta. Nuestros estímulos ante la vida y sus circunstancias eran tan elementales como las coordenadas existenciales del mundo que giraba a nuestro alrededor: podíamos llorar si nuestros padres nos negaban ese tebeo que se exhibía en el quiosco del barrio o sentir la euforia en todos nuestros poros cualquier tarde, en compañía de otros niños, en esos tiempos en los que la calle era el escenario que nos deparaban una y mil emociones en forma de aventuras imaginadas, que solían finalizar bruscamente con la irrupción de los gritos de nuestras madres, desde las ventanas, reclamando nuestra presencia.
La sociedad que nos hemos inventado, según se van sucediendo los años de nuestras existencias, moldea nuestras conductas, como consecuencia del aprendizaje que tiene lugar en el medio social en el que crecemos y nos desenvolvemos, el condicionamiento operante nos configura, mientras la amnesia hacia nosotros mismos nos impide mostrarnos puros, enteros y verdaderos.
Así, cuando la lucidez me golpea, como ahora, me detengo, desembarazándome de los objetos inútiles que mis manos sostienen a diario. De esos cultos a lo preceptivo que convertimos en axiomas vitales. De las inútiles alegorías del reloj de arena, de las prisas que son del todo humanas. Y bajo el abrigo de mi desnudez, miro hacia arriba, aspirando a volver ser un hijo de la naturaleza, producto de esas partículas elementales, omnipresentes en la historia del universo. Mientras mi cuerpo habita en un otoño lluvioso, mis sentidos se llenan de flores y camino junto a mí mismo, pisando las luces de neón reflejadas sobre las aceras.
domingo, 18 de septiembre de 2022
Sergio pinta un cuadro
Me siento infinito
Mis poros se estremecen, acariciados por aquella brisa matinal, un escalofrío eléctrico que me conecta con las raíces de la tierra. Las enci...
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En efecto, pasan los meses y en todos ellos me he sentido, literalmente, abducido por las tareas profesionales, que se suceden sin límite de...
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Intuía que bastaba con controlar la respiración, llenar sus pulmones de manera consciente, lentamente. Así, cerró los ojos e inhaló lentamen...
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Demasiado tiempo sin escribir, mientras los días y sus horas se deslizan por la montaña rusa de la vida, aunando sus vaivenes con los compas...






