miércoles, 7 de marzo de 2018

Historias ancianas

El hombre toma un café  en la barra, con evidente desgana. Su mente está en otra parte y sus ánimos, aún más lejos. La mujer, sentada, observa al hombre con perfecto disimulo: buen traje, buena percha y una barba de varios días que destaca en su aspecto descuidado. El hombre piensa en la mujer que desapareció de su vida, hace ya tres meses, que nunca volverá pero a lo que no logra olvidar. Recuerda su cuerpo desnudo, la sensualidad que desprendía, en cada uno de sus movimientos. Desearía olvidar para siempre la pasión desbordante que ambos desprendían haciendo el amor. Pero los recuerdos son demasiado intensos. La mujer da pequeños sorbos a su té con limón, mientras imagina qué atormenta a aquél hombre que mira al vacío. Una mujer, sin duda, se dice a sí misma, mientras lo imagina en su propia cama, abriendo los ojos, despertandose tras una noche en la que apenas han dormido. El hombre revive aquel festín diario de miradas cruzadas, de besos al atardecer mientras paseaban por el parque, del placer que sentían ambos corriendo bajo la lluvia. Rememora tantos momentos vividos que por momentos, extiende su brazo para tocar aquel rostro que ha perdido. Ella, que no puede dejar de observar a aquél hombre que le resulta fascinante que no deja de desprender pasión y desesperacion, en cada uno de sus gestos, decide acercarse a él. Se levanta, se coloca a su lado con la excusa de pagar la cuenta y poco a poco, hace por encontrar su mirada. El hombre sale del hechizo del recuerdo, al sentirse olvidado y encuentra la mirada de la mujer. Esa mirada mutua que ambos sostienen, transforma la timidez y perplejidad inicial en un relato donde ambos protagonistan alternan los párrafos. Son segundos, tal vez, pero ambos sienten que el tiempo se dilata porque tienen mucho que decirse, mientras el hombre siente menguar su pesimismo y ella se siente cada vez más contenta por haber tenido aquella iniciativa. Él paga la cuenta de ambos y sin necesidad de hablar, salen juntos de la cafeteria. Historias ancianas, que siempe se nos antojan nuevas.


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