lunes, 16 de octubre de 2017

Madrid

Madrid: gente por doquier y algunas personas. Gente en los metros, gente en las calles, masas humanas con mucha prisa. Madrid es sobre todo cultura, grandes museos, teatros, jazz en vivo. Madrid es también el famoso rastro, con aún más gente. Madrid es un conjunto de librerías de visita obligada, incluso aquellas desgraciadamente venidas a menos, como la mítica 8 y 1/2, , durante muchos años una referencia europea de bibliografía cinéfila. Madrid es consumismo desaforado, a todas horas, cualquier día. Madrid es gastronomía, generalmente a precios muy elevados. Madrid ha sido, durante todo el puente, un maravilloso apartamento en la Gran Vía, semejante a un oasis entre la jungla de asfalto y una inmersión diaria en el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía y en menor medida, en el Museo Thyssen-Bornemisza. Extraordinarios, los sentidos visuales, cuando no dejan de recibir estímulos continuos desde esos lienzos que deslumbran, que emocionan a cambio de una imprescindible sensibilidad que permitan recibir tantas e intensas emociones. Madrid es teatro, repartidos los escenarios por toda la ciudad y en el caso, por ejemplo del teatro Marquina, una exhibición de talento a raudales de las protagonistas de El florido pensil: niñas, una feliz recuperación, en clave femenina, de la adaptación escénica del exitoso libro de Andrés Sopeña. Madrid es jazz en vivo: el Bogui Jazz, la sala Clamores, el Plaza Jazz Club, entre otros. El primero de ellos, un local en el que la música y los músicos son protagonistas de momentos únicos, irrepetibles, en un maravilloso ambiente de complicidad con los espectadores. Madrid es una ciudad para gozar, si bien tengo dudas de si realmente es una ciudad para vivir. De un modo u otro, se debe reconocer lo evidente: Madrid es una cita ineludible, cada cierto tiempo, si somos capaces de sustraernos de la marea de gente y quedarnos, exclusivamente, con las personas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bette Davis

He visto recientemente dos clásicos del cineasta Robert Aldrich, con la eterna Bette Davis, un magnífico director de cine que me temo que...