sábado, 21 de octubre de 2017

La brújula moral

Es la expresión utilizada por Isabel Coixet, estos días, en sus declaraciones, con motivo del estreno de su última película y con Cataluña inmersa en su propio laberinto. Bella expresión, la brújula moral, una invitación a recorrer los caminos de la ética personal frente a otras posturas, otros principios, otras éticas en definitiva que son sinónimos de estrecheces mentales, enajenaciones allá donde la cultura se extingue provocando que una inmensa mayoría de personas se deje arrastrar por lo que parece más fácil, más cómodo, sin duda más conveniente. El precio, con suma frecuencia, es la marginación, el bullying de toda una organización que aspira a un pensamiento único convirtiendo en una máxima que el odio de una persona puede llevar a que todos acaben por odiar a alguien que no lo merece pero que traiciona esos postulados en los que se apoya dicha organización: sin el pensamiento único, la misma no sobreviviría y nada peor que alguien que se mantiene, a pesar de las presiones, fiel a sí mismo y a un código ético inquebrantable. 
Cantaba Tina Turner, en los 80, We Don't Need Another Hero y resulta imprescindible recordar, en el contexto del heroísmo, a Fernando Savater y ese libro imprescindible que es La ética del héroe: "Llamo ética a la convicción revolucionaria y a la vez tradicionalmente humana de que no todo vale por igual, de que hay razones para preferir un tipo de actuación a otros, de que esas razones surgen precisamente de un núcleo no trascendente, sino inmanente al hombre y situado más allá del ámbito que la pura razón cubre; llamo bien a lo que el hombre realmente quiere, no a lo que simplemente debe o puede hacer, y pienso que lo quiere porque es el camino de la mayor fuerza y del triunfo de la libertad". En efecto, convicciones íntimas, ajenas a imposiciones hoy día necesariamente mediáticas, en plena vorágine de la sociedad de la información; razones innatas impregnadas de voluntad, que es la esencia del individuo frente a la masa.
Así pues la libertad humana encuentra por todas partes resistencias y obstáculos, pero esas resistencias y esos obstáculos no tienen sentido sino en y por la libre elección que la realidad humana es: "Estamos condenados a la libertad", sentenciaba Jean Paul Sartre, cabría preguntarse por qué tan olvidado. La formula ser libre, no significa obtener lo que se quiera sino determinarse a querer por si mismo; el éxito no interesa en ningún modo a la libertad, el único éxito que interesa a la moral es el de la propia autonomía de elección. Puedo elegir lo que quiera y en ese aspecto soy libre pero no puedo elegir el querer mismo que determina mi elección, mis motivos me condicionan. Así Schopenhauer explica claramente este concepto: obraré siempre según lo que soy, es decir, mi carácter pero no podré conocer mi carácter sino después: se revela a través de mis acciones. Intentemos, vale la pena,  vivir con nobleza y cordura, aunque sea sobre un fondo fatal y azaroso en que la existencia humana parece recortarse a diario, a medida que los beneficios de una cultura que se extingue, tienden a menguar, sumiéndonos tristemente en un concepto cercano a la barbarie civilizada. Necesitamos héroes, necesitamos ser héroes de nosotros mismos, inclusos en estos contextos. Vale la pena buscar respuestas en el viento de un controvertido premio Nobel:

Cuántos caminos debe recorrer un hombre,
antes de que le llames "hombre"
Cuántos mares debe surcar una blanca paloma,
antes de dormir en la arena.
Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
antes de ser prohibidas para siempre.
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
la respuesta está flotando en el viento.
Cuántos años puede existir una montaña,
antes de que sea lavada por el mar.
Cuántos años pueden vivir algunos,
antes de que se les permita ser libres.
Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
y fingir que simplemente no lo ha visto.
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.
 


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