jueves, 5 de octubre de 2017

De la inspiración

A lo lejos, un destino: tu hogar, tu lugar de trabajo, el cine, el supermercado, el centro comercial... y a pocos metros, metas que se suceden imperceptibles, entre días que se tornan semanas y años. Un tiempo que a veces se pliega y nos permite recuperar el pasado, casi siempre feliz entre ingenuidades y vislumbrar apenas un futuro que no logramos reconocer como nuestro: creemos lo que hemos vivido, no podemos dejar de ser escépticos con los sueños. Así que atravesamos dichas metas, desde el semáforo a sortear con habilidad a los transeúntes que confunden sus pasos con los nuestros y llegamos a ese destino que, una vez consumado, en breve nos devolverá a las metas que dejamos atrás, para ser afrontadas de nuevo. Un círculo existencial que no admite lirismo alguno, en su reiteración, salvo que una especial sensibilidad nos acompañe, permanentemente, a cada paso, piensa el poeta, mientras sus ojos, ocultos tras las gafas de sol, centran su mirada en una mujer joven que parece levitar sobre la acera. Entonces clama, a medio voz, sin dejar de caminar apresuradamente: "... Allá donde ella iba, mis pasos tornaban a seguirla...". Parado en el semáforo, intenta completar la frase, buscando una inspiración huidiza que le lleva a observar con curiosidad el aspecto desaliñado del dueño de una frutería qu,e cigarro en mano, bosteza algo desaliñado en el umbral de la puerta del comercio. Ese hombre tuvo que conocer mejores tiempos, así como su negocio, pero qué singular es el tiempo que nos hace olvidar quiénes fuimos y tener conciencia de quiénes somos, acierta a reflexionar mientras cruza apresuradamente el paso cebra. Entonces, acierta a extender aquella frase que no le abandona: "... Allá donde ella iba, mis pasos tornaban a seguirla. Me convertí en esclavo de sus pisadas, en un anhelo irremediable de alcanzarlas. Nunca me atreví a ello, pero creo que fui más feliz con el deseo que si hubiera convertido éste en un hecho...". El poeta repite feliz la frase, abstraído de un mar abundante en murmullos y ruidos de motores y aún tiene tiempo de contemplar a un hombre ciego que parece sonreír para sus adentros, a un adolescente casi harapiento que camina decidido, transportando en sus espaldas una guitarra y a una mujer madura que canta en voz alta. Entonces, llega a su destino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comprar tiempo

La frase es de Terenci Moix, en relación al premio Planeta: la importante dotación económica le permitía "comprar tiempo" y la ...