domingo, 20 de agosto de 2017

El terror y lo cotidiano


El terror: 14 personas fallecidas y más de 120 heridas, trágico y provisional balance del sangriento y despiadado atentado terrorista en Barcelona. Lo cotidiano: ha pasado muy poco tiempo, apenas horas del mismo, pero, tal como me comenta un conocido que vive allí, nadie podría adivinar, si ignorara el hecho, que en efecto, el terrible suceso transcurrió en las Ramblas, de nuevo repleta de miles de turistas que pasean tranquilamente por sus calles e innumerables comercios. Simplemente, no queda el menor rastro en las calles de Barcelona, salvo en los medios de comunicación, del atentado. La vida sigue, es una frase que me ha parecido escuchar, de manera reiterada, estos días, por parte de los propios habitantes de Barcelona en los numerosos reportajes de televisión. La mayoría de los comercios estaban de nuevo abiertos, al día siguiente del atentado; el turismo apenas se ha resentido (se calcula apenas un 1% de cancelaciones) y ...  la vida sigue. Es lo que ha debido pensar la clase política en Cataluña: en la lista de fallecidos, se diferencia a catalanes de españoles. Una formación política se niega a suscribir el pacto antiterrorista, dado que se coartan libertades (sic) y otra formación, a su vez, se niega a secundar la manifestación de repulsa al terrorismo convocada por el Ayuntamiento de Barcelona si el Rey de España acude a la misma, dado que, según siempre dicha formación, el Rey contribuye a financiar el terrorismo (sic). No hay dudas: la vida sigue, después de escuchar mensajes de paz, solidaridad, convivencia y de Cataluña somos todos. El triunfo de lo cotidiano, cabría aventurar. Pero antes que dicha cotidianeidad se imponga de un modo absoluto, intentamos no olvidar a las víctimas del terror: personas de todas las edades, incluso niños/as, que un día cualquiera estival, paseaban tranquilamente por una ciudad en la que dejaron sus vidas de la forma más trágica; una ciudad que desde ciertos sectores de la misma, parecen tener prisa, mucha prisa, por volver a lo cotidiano. Demostremos, el resto de personas, que lo más importante, para que, en efecto, la vida siga, es rendir memoria a las víctimas, plantando cara a sus asesinos y a cualquier forma de terrorismo, todos unidos en una conciencia global y solidaria: sin muros, sin banderas, sin limites geográficos, sin ideologías abundantes en muros, banderas y límites geográficos. Sigamos saliendo a calle, con este compromiso moral, siempre juntos y unidos.

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