sábado, 12 de agosto de 2017

Alack Sinner

La editorial Salamandra acaba de publicar una edición integral de Alack Sinner, del guionista Carlos Sampayo y el dibujante José Muñoz, dos argentinos que en 1975 crearon, desde Barcelona, una serie negra magistral que poco a poco fue transformándose, desde sus inicios en el marco de las claves del género, en todo un espejo de la civilización occidental: el componente criminal fue dejando paso, al sucederse los títulos de la serie, a la lectura social, el drama humano, la tragedia de la propia existencia, abundante en frustraciones; lo importante no era el suceso delictivo en sí mismo, sino las personas que protagonizaban el mismo, con sus componentes ideológicos, políticos, generados por las propias sociedades, recorridas por la corrupción. En los cómics protagonizados por Sinner, nadie es inocente, nadie es neutral y el precio por intentar mantenerse al margen de unas reglas inmorales que rigen el comportamiento de todos los miembros de una organización, metáfora de la supervivencia de la propia civilización, supone no solo la marginación absoluta; además, es el fin de la inocencia para alguien que, como Sinner, comienza su carrera de policía con un alto sentido de la honestidad, de la ética profesional . "... Con frecuencia, la Ley no basta. La democracia es un gran sistema, pero a veces se mueve con lentitud,   sobre todo cuando se trata de aplicar o no aplicar dicha Ley. Así que es importante que los miembros de este Cuerpo utilicen... sus propios criterios personales...", le comunica el Jefe de la Policía de Nueva York a Sinner en Conversando con Joe, uno de los títulos de la serie. Sinner deja de ser policía, forzado, sobrepasado por las circunstancias y comienza su periplo como detective privado, marcado por un nihilismo en su rol de hombre duro que sin embargo albergará, durante toda la serie, una suerte de sensibilidad que acompañará siempre al detective; Sampayo definía a su personaje de la siguiente manera: "No es un héroe-antihéroe como los que ahora están de moda. Alack no lucha, tiene una rabia impotente que existe en su ambiente y que no puede transformar o canalizar (…) No es un reaccionario pero tampoco un revolucionario, se da cuenta de las cosas pero no ha pensado en una solución: no elige”. Sinner, simplemente, sobrevive y envejece dentro un sistema pervertido que sólo favorece a los más poderosos. No puede cambiar una realidad que aplasta al resto de personas, a diario, peones de juegos en los que los poderes fácticos siempre harán todo lo posible por sobrevivir.
En la serie que se sucede entre 1975 y 2006, con diversas editoriales en España publicando y reeditando la misma, es posible distinguir tres grandes núcleos argumentales. El primero se corresponde con la etapa propiamente de género negro, grandes historias en los parámetros propios del género literario y cinematográfico de EEUU; comprende desde la historia inicial, El caso Webster, hasta Chispas incluyendo la precuela Conversando con Joe, un punto absoluto de inflexión en la serie, avanzando temáticamente hacia un segundo tramo, más enfocado al análisis político y social que incluye la extensa y dramática historia titulada Encuentros y reencuentros, una obra maestra absoluta, paradigma de la serie y del noveno arte al que representa. Finalmente, un tercer segmento mucho más filosófico y humanista que se extiende desde Norteamericanos hasta El caso USA. Una profunda evolución argumental y una fascinante evolución artística en el arte de José Muñoz para la serie, en constante experimentación. Son evidentes las influencias de Alberto Breccia y Hugo Pratt, este último en el primer tramo de la serie, así como, fundamentalmente, la de nombres propios del expresionismo figurativo, predominando en las viñetas la deformación pictórica y una gran ambigüedad en el plano intencional: Francis Bacon, George Grosz, Otto Dix...
Una de las historias agrupadas con el título Encuentros y Reencuentros incluye la reaparición en la vida de Sinner del teniente de policía Randy Rademaker Jr., coincidiendo con una huelga de la policía.  Ambos se encuentran en la entrada del edificio donde vive Sinner, que ignora los insultos y provocaciones de un enajenado Rademaker, que antes de subir hasta el piso donde vive el detective, profiere toda suerte de insultos racistas y xenófobos, disparando indiscriminadamente contra transeúntes y habitantes del edificio, a los que señala como comunistas. La progresión del clímax no deja de crecer en las viñetas que se suceden, alternando la carnicería de Rademaker en la calle y el interior de las viviendas del edificio; en una de ellas una mujer está dando a luz, mientras los gritos del policía se abren paso por la ventana; en otra un hombre amenaza a su mujer, con una escopeta: "me has hecho sufrir mucho, Gladys"; en una vivienda, un cadáver momificado, yace frente a una televisión encendida; hasta todas ellas llega la voz amenazante de Rademaker, que abate a tiros a todo aquel que tiene la desdicha de cruzarse en su camino. Un chico negro, un vendedor de periódicos, la mujer que ha asistido al parto dentro de una de las viviendas y que cae desde la ventana, al mismo tiempo que los autores rompen la unidad narrativa de espacio y tiempo y el propio José Muñoz se dibuja a sí mismo como uno de los habitantes del edificio. En otra vivienda, una pareja hace el amor, mientras Sinner espera en la suya, con resignación, que Rademaker llegue hasta él. El detective dispara contra el policía y es rematado por el anciano que amenaza a su mujer, Gladys, que le vuela la cabeza.  Una de las últimas viñetas, con ecos de Taxi Driver, de Scorsese, muestra a Sinner, hundido en el sillón mientras varias pistolas apuntan hacia él: "Entren sin miedo. No habrá más". Otra de las viñetas, previamente, ha mostrado un plano general de la ciudad; el edificio donde está ocurriendo la tragedia es un símbolo, una metáfora de la gran urbe, repleta de personajes definidos hasta sus últimas consecuencias por el pincel prodigioso de Muñoz. En las habitaciones se respira humo, sudor, alcohol, miseria material, humana y moral, suciedad, polvo, desengaños, frustraciones. Cada una de las extraordinarias viñetas descritas cuenta una historia, un drama distinto (con una planificación de las escenas afines a la narrativa propia del micro relato propuesto; en el argot cinematográfico: picados, contrapicados, primeros planos, profundidad de campo....) y se inscribe en el trágico relato gráfico conformando un calidoscopio del alma humana, repleto de personajes secundarios, de la alienación de la vida en las grandes ciudades, de la fragilidad de la misma frente a una violencia exarcebada, inmoral,  que estalla de repente y que nos alcanza a todos, como peones de una sociedad que no deja de descomponerse. Alack Sinner es género negro al servicio de un personaje perdido entre las decepciones constantes del ser humano para vivir su propia vida, prisionero de una sociedad enajenada e irremisiblemente perdida en sí misma, en la que el protagonista, a pesar de todo y en su rol de férreo detective privado para ocultar su extrema sensibilidad y lucidez, transcurrido el tiempo y envejecido, sigue buscando en su propia redención, algo parecido a la felicidad.
Una serie, en definitiva, absolutamente imprescindible, una obra maestra absoluta del cómic: disfrutemos con esta edición integral de Alack Sinner.  








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