domingo, 2 de abril de 2017

La caja de música, de Costa-Gavras

Pocos directores de cine han construido una filmografía basada en el compromiso crítico y sociopolítico, como crónica y reflejo de las correspondientes sociedades. Si Ken Loach es uno de ellos, sin duda Costa-Gavras es el autor de una filmografía ejemplar al servicio de la disección y el análisis crítico de temas tabúes, no en vano todas sus primeras películas desarrollan y exponen denuncias específicas sobre situaciones y hechos históricos generados por muy diversos y con frecuencia siniestros, estratos fácticos. Missing (Desaparecido) denuncia la complicidad de la CIA con el golpe de Estado del general Augusto Pinochet en Chile a través de un padre desesperado (un extraordinario Jack Lemmon) que busca a su hijo desaparecido en Santiago de Chile. L'aveau ( La Confesión), con Ives Montad, muestra las purgas estalinistas de las que fueron víctimas los disidentes del Partido Comunista checoslovaco, en el famoso Proceso de Praga de 1952. El colaboracionismo del gobierno de Vichy con el régimen nazi es expuesto sin tapujos en Sección Especial, cuyo objetivo es la ejecución de chivos expiatorios para aplacar la ira de los nazis cuando algún oficial alemán es asesinado por la resistencia francesa. El sendero de la traición exhibe el fascismo, la xenofobia latente en las profundidades del Sur de EEUU. En Amén, se denuncia las relaciones colaboracionistas entre la Santa Sede y el régimen nazi. Películas todas ellas, por citar algunas de su filmografia,  tan polémicas como necesarias, que además de generar no pocos enemigos a Costa-Gavras le ha hecho merecedor de un amplio abanico de premios prestigiosos en diversos festivales del mundo. La caja de música (1989), que tuvo una gran carrera comercial y crítica en su estreno y que muchos consideran la mejor película de su director, plantea que un anciano, inmigrante húngaro (Armin Mueller-Stahl), afincado en los Estados Unidos desde el final de la II Guerra Mundial, sea un criminal de guerra nazi. Su hija Ann (Jessica Lange), una abogada de prestigio, convencida de su inocencia, decide ocuparse personalmente de la defensa de su padre. La tensión, in crescendo, acelera una angustia vía los supuestos terribles crímenes perpetrados por el protagonista, colaborador con los nazis durante la II Guerra Mundial, mientras fue miembro de la Gendarmería húngara, a través de los múltiples testimonios de las víctimas que sobrevivieron y que no dudan en identificarlo frente a la defensa que hace su hija, convencido de la inocencia de su padre. Una caja de música en cuyo interior se encuentran unas fotografías, revelará una trágica, siniestra verdad. La hipótesis del film, descubrir a uno de los miles de criminales nazis huidos por todo el mundo, tras el fin de la Guerra, es aún más terrible si leemos los informes del centro Simon Wiesenthal: la mayoría de esos miles desarrollaron una vida normal, en el más absoluto anonimato, sin que fueran descubiertos ni juzgados por sus crímenes contra la humanidad. Ann, una magnífica Jessica Lange, se verá abocada a tomar una trágica decisión, en las escenas finales de esta extraordinaria película.
Igual que hay que celebrar que en Inglaterra tengan a su Ken Loach, es de lamentar que en España los cineastas rehúyan sistemáticamente los múltiples avatares socioeconómicos y políticos que se han desarrollado durante las últimas décadas. Resulta paradójico que sucesos históricos como el 23F, el Golpe de Estado y la toma del Congreso de los Diputados haya tenido que esperar, para una más que pésima adaptación cinematográfica, nada menos que dos décadas. Y que la corrupción de la clase política española, los avatares de la búrbuja inmobiliaria, el triste papel del Banco de España y las concentraciones de prevaricación continuada en algunas Comunidades Autónomas sigan siendo tema absolutamente tabú para el séptimo arte patrio. Sin duda, mucho más cómodo seguir rodando comedias insulsas y sobre todo, menos comprometido, obviamente. Pero es necesario que aparezca, si ello es posible, un Costa-Gabras español con capacidad de análisis y capaz de una necesaria denuncia ante una sociedad a la que sus dirigentes se resisten, siempre, a rendir cuentas. Que aparezca pronto, por favor.
 
Muchos de ellos siguieron con su vida con normalidad en las costas españolas o en Sudamérica y murieron en el más absoluto anonimato, sin haber cumplido ninguna pena de prisión

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/452313/0/criminales/nazis/huidos/#xtor=AD-15&xts=467263

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