domingo, 16 de abril de 2017

La autopsia de Jane Doe, de André Øvredal

La autopsia de Jane Doe (The Authopsy of Jane Doe, André Øvredal, 2016) nos reconcilia a todos con el género de terror y/o fantástico, gracias a sus planteamientos según cánones de cine clásico y con una asombrosa economía de medios, en su diseño de producción, que define el estilo de una película inspirada en el universo de Lovecraft: lo que se sugiere, aún más de lo que realmente se ve, es realmente lo que causa un desasosiego incesante; el miedo está en aquello que imaginamos, no en lo explícito de sus imágenes. Lejos del gore y aún más lejos de inútiles efectos especiales, el director noruego André Øvredal, en esta su segunda película, plantea una situación básicamente en un escenario único: la policía descubre, en una casa, entre los cadáveres de una misma familia, el cuerpo desnudo, y sin aparentes heridas, de una chica (sorprendente Olwen Catherine Kelly) semienterrado en el sótano; un cadáver inexplicable, sin descomponer y sin aparente relación alguna con el resto de fallecidos. La policía transporta dicho cadáver a la funeraria de la localidad, en la que Tommy (Brian Cox) y Austin Tilden (Emile Hirsch), padre e hijo, se harán cargo de la autopsia del misterioso cadáver. Dicha autopsia comenzará a revelar misteriosos irracionales y cada vez más inquietantes, paralelamente a una sucesión de fenómenos sobrecogedores que afectarán a los dos forenses en su lugar de trabajo... A partir de la entrada del cuerpo del misterioso cadáver en la sala donde los dos protagonistas realizan su trabajo, una morgue subterránea y unos inquietantes pasillos alrededor de la misma, la narrativa propuesta por Øvredal juega con los mecanismos de la claustrofobia y el terror en un dominio del tempo de la acción, la utilización del espacio y la dosificación, in crescendo, del suspense con una asombrosa precisión y unos efectos, en el espectador, necesariamente sobrecogedores: la irracionalidad de lo inexplicable en la meticulosa disección del cadáver, una canción inquietante a través de la radio, unos ruidos en los pasillos que circundan la sala forense, un espejo que devuelve el reflejo de una figura indefinida, la mirada penetrante, constante, de Jane Doe, un precioso cadáver de ojos grises, en una sucesión constante de primeros planos que nos transmiten, a los espectadores, la misma zozobra que a los dos magníficos actores protagonistas.... una epifanía del horror en capas superpuestas que se van retirando sigilosamente dejando al descubierto rincones y situaciones de una trama rozando lo gótico y un estilo visual de muy estudiada planificación de los planos, de encuadres minuciosos,  necesariamente cercano a los comics de la E.C. y al gran maestro Lovecraft, ya citado, al mismo tiempo que parece inevitable citar, como referencia evidente, a la serie original Alfred Hitchcock presents... La fotografía, los encuadres y el montaje, herramientas para la milímetrica utilización de un espacio antiguo, desgastado, lleno de pasillos, espejos y contraluces con el propósito de transmitir al espectador el más intenso de los miedos fílmicos, son los elementos claves de esta magnífica película. Muy recomendable.  



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