jueves, 20 de abril de 2017

El cielo protector, de Bernardo Bertolucci

El cielo protector ( The Sheltering Sky, 1990) se sitúa en la filmografía de Bertolucci justo después del enorme éxito, crítico y comercial de El último emperador (The Last Emperor, 1987), película que ganó nueve premios óscar y tres años antes del siguiente film de Bertolucci, El pequeño buda (Little Buddha, 1993), película muy irregular y un gran fracaso comercial que aleja a Bertolucci de las grandes producciones y que le hace volver a Italia a la búsqueda de temáticas que le permitieran, en principio, desarrollar películas más personales: se suceden en la filmografía del director de El último tango en Paris: Belleza robada (Io ballo da sola, 1996), Besieged (L'assedio, 1998), Soñadores (The Dreamers / I sognatori, 2003) y Tú y Yo (Io e Te, 2012), pequeños films donde es posible encontrar retazos del talento de su director para exprimir ciertas sensaciones poéticas y de delicada indagación de la psicología de personajes acordes al intimismo de situaciones que marcan un mundo con escasas respuestas en el destino de éstos, muy característico del cine de Bertolucci; películas que vienen a coincidir con una enfermedad que ha postrado al director en una silla de ruedas (como le ocurrió a Antonioni) y que salvo quizás Belleza robada, todas las demás han encontrado cierta frialdad, en sus estrenos, entre la crítica especializada y una carrera comercial muy discreta. Quedan muy lejos, los tiempos en los que cada estreno del famoso director se convertía en un fenómeno social: El último tango en Paris (Last tango in Paris, 1972), la absolutamente extraordinaria Novecento (1976), así como la citada El último emperador y/o conciliaba a toda la crítica especializada en toda suerte de elogios en relación a films como El conformista (The conformist, 1970) y La luna (1979). Todas ellas con el denominador común de transmitir auténticas, sentidas emociones  a través de imágenes y gestos de apariencia sencilla, en los límites de esos microcosmos necesariamente trágicos en los que los personajes buscan su propia identidad. 
En este contexto,  El cielo protector es un punto de inflexión en la filmografia de Bernardo Bertolucci, su última película antes que El pequeño buda,  un pronunciado fracaso, se convirtiera en el inicio de esa sucesión de películas de pequeño presupuesto, interesantes sin duda pero lejos de la marcada intensidad emocional y el impecable pulso narrativo característico del director. El film adapta la novela de Paul Bowles publicada en 1949, quizás su obra más conocida y abundante de connotaciones biográficas, muy presentes en los dos personajes, Port y Kit Moresby, una pareja que viaja al desierto norteafricano del Sahara en un viaje de connotaciones nihilistas, planeado para intentar resolver la crisis matrimonial de la pareja, resultando evidente la identificación de ambos con el propio Paul Bowles y sobre todo con Jane Bowles, respectivamente. Jane Bowles se casó con el escritor en el año 1938. Escribió  Dos damas muy serias (Two Serious Ladies) y la obra teatral En la casa de verano, si bien, a pesar de las criticas prestigiosas y la admiración de dramaturgos contemporáneos como Tennesse Williams, nunca llegó a gozar del estatus de su marido.  El matrimonio Bowles vivió en Nueva York hasta 1947, año en el que se trasladó a Tánger; de frágil salud, alcohólica y propensa a una vida errática, falleció en Málaga en el año 1973; quizás pocos sepan que sus restos descansan en el cementario de San Miguel de esta ciudad, donde fue enterrada en una parcela con una cruz de madera como único recuerdo y  que en el año 1996 la escritora parecía ser recordada exclusivamente por una joven estudiante malagueña que intentó trasladar sus restos a Marbella, localidad donde residía, antes de que pasaran a una fosa común. De este hecho informó el diario ElPais en su momento, noticia que dio lugar a una sorpresiva cadena de reacciones, comenzando por el propio Ayuntamiento e hipotéticas asociaciones culturales en torno a la figura de Jane Bowles, que impidieron el traslado. Tuvieron que pasar aún dos años más para que la tumba se adecentera mínimamente, con un atril macizo de ladrillo visto coronado por una losa de mármol negro con la leyenda "Málaga a Jane Bowles. 1917-1973". Incluso muchos años después de fallecer, Jane Bowles la vida errática de ésta parecía no tener fin. 
La película de Bertolucci es un ejercicio de estilo visual impecable, con el gran Vittorio Storaro al frente de la fotografía, recreando la belleza inhóspita del desierto en el que se van a suceder, trágicamente, los retazos de vida de sus dos protagonistas, encarnados (excelentemente) por John Malckovich y Debra Winger. El viaje es metáfora de una evolución interior inherente al viajero (no así al turista, como matiza John Malckovich al comienzo de la película, dimensión esta última que en la película está representada por otro matrimonio, esperpéntico, que escriben guias de viaje). El entorno hostil y subdesarrollado actuará en los dos protagonistas alejándo aún más al uno del otro, incapaces de dejarse llevar por un cielo protector necesariamente azaroso y proyectado en referentes culturales muy lejos de los propios de los dos protagonistas, una pareja de millonarios. Bertolucci deja extraviarse a  Port y Kit Moresby entre las arenas del desierto, pero sobre todo en sí mismos, incapaces de volver a amarse por más que se amen profundamente, a través de una cadencia ritmica sutil, encadenando situaciones que profundizan en la tragedia interior de dos personas que han acabado por no concebirse ni a sí mismas. Sólo la muerte atroz de Port, en un fuerte de la Legión Extranjera, abrirá una espoleta en Kit, dispuesta a dejarse llevar por el destino, que la conducirá desde los brazos de un nómada de la que será su concubina, hasta el aciago vagabundeo por las calles y el desierto que la llevan hasta un hospital donde permanece recluida hasta que interviene la embajada americana. El propio Paul Bowles interviene en el film, como un testigo presencial y silencioso del inicio y el final de la película, pero del que llegamos a escuchar la voz en off, en la versión original de la película, matizando la extrema complejidad psicológica de los personajes en la fluidez narrativa propuesta por Bertolucci; el film, en su estreno, dividió a la crítica, con parte de la misma clasificando el film como al servicio del mero esteticismo. Vista hoy día, el drama inunda intensamente la pantalla y los sentimientos profundos se transmiten de forma penetratne a los espectadores mientras se adueñan de todas las situaciones, siempre sutiles, que viven y sufren Port y Kit Moresby en su desafortunado periplo vital, crónica de un desamor entre escenarios de colores fastuosos. Muy recomendable.  


      - Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/cultura/cine/2013-07-26/critica-tu-y-yo-de-bertolucci-72016/

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