sábado, 1 de abril de 2017

Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sidney Lumet

La última película de Sidney Lumet, Antes que el diablo sepas que has muerto (2007) fue rodada por el gran cineasta con 87 años, condensando en la misma lo más característico de su filmografía: un sólido guión, unas interpretaciones magníficas (Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei) y sobre todo ese estilo de narrativa cinematográfica preciso, contenido, al servicio de la dramaturgia de la inquietante historia propuesta en el film. Una exacerbada tragedia griega en la que los hijos propician la muerte de sus padres y los padres asesinan a sus hijos,  asediados todos ellos por la locura, la perversidad y el deseo de venganza que los convierte en seres monstruosos, abocados al sufrimiento y la humillación, víctimas de sí mismos y del destino inexorable al que se ven abocados, generado por sus propias acciones. La planificación de Lumet es ejemplar: un atraco se salda de la peor manera posible y esa información se ofrece al espectador en los primeros minutos de la película. Es el prólogo de la tragedia griega que se va a suceder, para a continuación, reubicar temporalmente, de forma constante, al espectador, alternando presente y pasado en las vidas de los dos patéticos hermanos, Andy (Philip Seymour Hoffman), un ambicioso ejecutivo adicto a la heroína que ha provocado un desfalco en su empresa y su hermano Hank (Ethan Hawke), cuyo sueldo se va casi íntegramente en pagar la pensión de su ex mujer y el colegio de su hija, siendo menospreciado por ambas. Dos fracasados absolutos que deciden atracar la joyeria de sus propios padres para solucionar sus acuciantes problemas económicos y que provocan con ello una espiral de muertes que sólo se saldarán con el asesinato de Andy a manos de su propio padre (Albert Finney). El abismo los espera a todos ellos, esclavos de sus deseos y emociones. Lumet, como en toda su filmografía, extrae lo mejor de cada uno de sus actores y éstos desarrollan un espectacular trabajo interpretativo, destacando sin duda Hoffman, transmitiendo desasosiego en cada aparición, en cada línea de diálogo. Su personaje, Andy, que se odia a sí mismo, va pasando por todos los estados posibles: frialdad, irritación, dolor y absoluta desesperación. Ethan Hawke en su papel de Hank, es el más débil de los dos hermanos; alguien incapaz de hacer daño a nadie y aterrado, superado por las circunstancias que lo superan. El gran Albert Finney, por último ofrece una interpretación magistral, capaz de expresar, en la escena final, en un primer plano tras asfixiar en el hospital a Andy, una vida absolutamente destrozada tras caer, con su acción, al precipicio más oscuro posible. Grandes actores al servicio de una historia que en manos del gran director que fue Lumet, se desliza, sutil y elegantemente por la pantalla en cada uno de sus fotogramas mostrándonos que todos, en circunstancias extremas, somos capaces de las mayores atrocidades, esencia del ser humano. Absolutamente imprescindible.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El sueño del guerrero

El guerrero descabalga muy lentamente, deposita con pereza su escudo, sus armas en el suelo y como un ritual, procede a quitarse una arma...