lunes, 6 de febrero de 2017

Tarde para la ira de Raúl Arévalo

La venganza que se cobra en los suburbios precisa de un realismo sucio cinematográfico que la dote de veracidad, vía thriller. Las premisas de Raúl Arévalo, conocido actor en esta su opera primera como director, se sustentan en dicha tesis sustentada sobre elementos minimales, incluido un diseño de producción que se adivina más que ajustado, si bien absolutamente excelente en alguna escena, como la que transcurre en el mugriento gimnasio y sus bajos, donde el protagonista se cobra su primera víctima. El thriller de Arévalo comienza con un plano secuencia filmado desde el asiento trasero de un coche, que nos retrotrae, inevitablmente, a Joseph H. Lewis y aquella increíble película, paradigma de la inventiva de la serie B de la década de los 50: El demonio de las armas. ¿Homenaje o simple experimentación cinematográfica? Abundan en la película los travellings de acompañamiento situándose detrás de los actores, cámara en mano, que parecen confirmar que Arévalo ha buscado un estilo propio narrativo, sugerido, buscando una cierta veracidad visual  sustestándose, durante la primera parte de la película en miradas y gestos, insinuaciones y un protagonista (Antonio de la Torre) monolítico en su singular interpretación (¿inspirada en el Alain Delon, salvando todas las distancias de El silencio de un hombre, de Melville?), aislado de la cotidianeidad del resto de los personajes, pero integrado en la realidad de éstos para conseguir sus propósitos. Hay algo de arritmia narrativa en este juego de realidades cotidianas que se muestran y otras que comienzan a emerger, al prinicpio sugeridas hasta hacerse cruelmente explícitas:  el visionado del protagonista del asalto al banco que descubre al espectador la cruel muerte de su pareja. La liberación de la cárcel del personaje de Curro (magnífico Luis Callejo) cambiará el registro narrativo de la película, paralelamente a la transformación de José, el personaje que interpreta Antonio de la Torre: como si esa contención del actor a dicho personaje hubiera estado esperando el momento de consumar su sangrienta venganza y mostrar al monstruo que lleva dentro. Venganza visualmente explícita y atroz, en su primera víctima, que por momentos recuerda a alguna escena de Henry, retrato de un asesino de John McNaughton, parcialmente mostrada en la segunda (el cañón de la escopeta que busca el rostro de alguien que dejó atrás la delincuencia) de ellas y finalmente insinuada la última (magníficamente diseñada en la pantalla: el protagonista entra en el bar; el niño que está en su interior, en la mesa, con su mirada descubre al espectador los movimientos de éste). Como esa disminución de la violencia visual fuera pareja a los deseos de venganza del protagonista hasta llegar a ese final melancólico, en donde el protagonista parece perderse, consumados los asesinatos, en la carretera, dejando con vida al que podría haber sido su última víctima y a la mujer de éste, dejando atrás y rechazando el que podría haber sido su propio destino. O quizás, en otra lectura, arrojando a Curro en brazos de la mujer que lo ha traicionado, como punto y final a su venganza. Película notable, singular, quizás no del todo conseguida pero con una intencionalidad de cine de autor que es de agradecer en el panorama del cine español. Reseñar por último que el nombre de Peckimpah ha sonado, asombrosamente, en algunas críticas presuntamente especializadas como fuente de inspiración de Arévalo: nada más lejos, estilisticamente y en cualquier otro sentido. el tratamiento de la violencia propuesto por este director y aquella estilística lírica, cual sinfonía, de Peckimpah.Tampoco parece muy acertado acercar el universo urbano del director y ese estilo de pollard francés al universo del western, otra supuesta influencia reseñada por la crítica especializada; Arévalo no es Walter Hill, ese magnífico director injustamente olvidado y por el contrario, el contexto social y humano singularizado que se presenta parece sugerir que sólo en los reductos más miserables de la gran urbe es posible que se suceda una historia como la que se narra en esta interesante película. 


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