domingo, 19 de febrero de 2017

Into the Wild, de Sean Penn

Christopher McCandless es hoy día todo un símbolo popular, en EEUU, tras la publicación del libro sobre su vida de Jon Krakauer y sobre todo, a partir de 2007, cuando se estrena la película dirigida por el actor Sean Penn. No son pocos los jóvenes que intentan imitar, vía senderismo, supervivencia en la naturaleza sin más elementos que un escaso equipo y sobre todo probándose a sí mismos, a este singular joven que falleció en la tundra de Alaska, tras estar dos años recorriendo Arizona, California y Dakota del Sur en condiciones absolutamente precarias, dando forma a un estilo de vida vagabundo y solitario, alejado por completo del concepto de vida urbana y con un rechazo absoluto a las posesiones materiales, buscando la supervivencia en contacto permanente con la naturaleza. Su absoluta inexperiencia no fue obstáculo para bajar en canoa por el río Colorado, en dirección al golfo de México ni para sobrevivir hasta cuatro meses, ya en territorio de Alaska, su gran objetivo vital, que imaginaba como una suerte de utopía vital que le permitiría vivir de la tierra y de la caza, a pesar de su absoluto desconocimiento de estos dos ámbitos. Esos cuatro meses estuvo alojado en el interior de un autobús abandonado en la zona de Stampede Trail (al que denominó el autobús mágico), teniendo como equipamiento una bolsa de arroz, un rifle semiautomático y municiones, un libro sobre las plantas locales y un escaso equipo de campamento. Ni un simple mapa de la zona, que le hubiera salvado la vida. Fue encontrado dentro de su saco de dormir, con apenas treinta kilos de peso y todo apunta a que murió de absoluta inanición, si bien John Krakauer siempre ha mantenido que la ingesta de alguna planta venenosa fue determinante en su muerte, tesis que también está presente en la película de Sean Penn. Todo lo que dejó escrito a modo de dietario Alexander Supertramp, que es como se hizo llamar Christopher McCandless durante los dos años que duró su singular aventura vital nunca despejaran estas dudas, si bien el mito del joven trotamundos, autosuficiente, que se prueba a sí mismo cada día y rechaza radicalmente los patrones sociales imperantes y consumistas tomando la supervivencia en la naturaleza como el referente vital de su propia existencia, está, a estas alturas, ajeno a cualquier otra lectura que no sea el mito en sí mismo, enlazando con On the road de Kerouack y sustituyendo la búsqueda existencial por una busqueda interior sublimada en el ecologismo. Es la lectura que proporciona Sean Penn, en su película, de gran éxito crítico y comercial en su estreno, dotando al personaje de un lirismo intenso y emocional, magníficamente interpretado por  Emile Hirsch. Para Penn y para el imaginario colectivo, las aventuras de Christopher McCandless constituyen una iniciación hacia el camino de la sabiduría, del conocimiento profundo de sí mismo. Y sus desventuras, una oportunidad de volver a levantarse de nuevo y seguir andando, así se describen de forma explícita en uno de los diálogos del film: encontrarse a sí mismo es el fin último del ser humano y la naturaleza, majestuosa y despiadada al mismo tiempo, el único entorno que permite esa búsqueda, lejos de la urbe, la socialización artificial en la misma y las posesiones absurdas como forma de vida (el protagonista rechaza el automovil que quieren regalarle sus padres, el dinero que tenía lo dona a una  fundación, rechaza la beneficiencia cuando se pasea como un vagabundo por la ciudad e incluso regala su última moneda a un anciano, moneda que le hubiera permitido contactar con su familia). Una naturaleza que lo pierde ("la naturaleza me ha atrapado", dice en off, en la película, el protagonista)  a medida que se va extinguiendo en la misma, dejando poco a poco de existir (la secuencia del oso que pasa por su lado y lo ignora). Una gran película, con una banda sonora obra de Eddie Vedder, vocalista de Pearl Jam, con excelentes canciones folk de éste al servicio de una poesía visual abundante en belleza y de ternura hacia el personaje de Christopher McCandless, al que tanto jóvenes seguirán emulando. Y un magnífico libro de Jon Krakauer, personaje fascinante a su vez del que un día hablaremos. Que disfruten de todo ello, pero sobre todo, de la misma vida.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

XXX Festival de Jazz de Almuñecar

Treinta años cumplidos, este verano, por el festival de jazz de Almuñecar, uno de los festivales más veteranos de Europa y un referente a...