miércoles, 4 de enero de 2017

Futuro Imperfecto

The best is yet to come, repetía un ya expresidente, en sus, por otra parte brillantes, campañas electorales. Me temo que sus ciudadanos no han llegado a ver ese hipotético futuro, repleto de esperanzadoras promesas. Quizás, entre otras razones, porque el camino a recorrer desde la mera oratoria hasta los hechos constatados es más complejo de lo que cabría pensar; si el saldo final se queda reducido a las meras promesas iniciales, no cabe más remedio que hablar de fracaso, por más que esta palabra sea tabú, por motivos obvios, entre la clase política. La supervivencia de una formación política pasa, necesariamente, por obviar el fracaso: en última instancia, dicho fracaso debe ser resultado de las acciones de los otros, en los mismos términos de la película de Amenábar. Y si ello no fuera suficiente, dicho fracaso debe ser publicitado, a toda costa, como un éxito; ahí están los micrófonos y con frecuencia, algunos medios de comunicación, para apoyar semejante táctica. Y muy última instancia, condenar, además, al ostracismo a alguien en quién depositar los males propios y ajenos: alguien debe tener la culpa, al fin y al cabo, máxima necesaria en el devenir histórico, sustancialmente en el político.
En España, hemos visto extinguirse, literalmente, por falta de votos, una de esas formaciones políticas; perder más y más votos a otra de ellas, en cada una de las últimas elecciones hasta desembocar en un forzado stand by que no está evitando los inevitables movimientos internos que en última instancia buscan el poder. El mismo que persiguen las dos cabezas más visibles, ambos en pugna, de otro partido político que parece condenado a un quiero pero no puedo perpetuo. Mientras, el partido que gobierna en España, a su vez se ha dejado por el camino muchísimos votos, por más que siga siendo el más votado y gobierne, precisamente, gracias a otra formación política cada vez con menos simpatizantes. En definitiva, todos parecen perder, por más que uno de ellos, sólo en apariencia, haya ganado. No cabe esperar de semejante panorama ningún the best is yet to come, por más optimistas que puedan ser, es un decir, sus respectivos votantes. Ventajas de creer, supongo. O de la necesidad de mantener un puesto de trabajo en muchos casos, basado en dicha creencia. Singular utilización de los áxiomas.
Tampoco está nuestro sistema educativo para muchos trotes, visto el historial que llevamos en las evaluaciones externas de carácter internacional, si bien la diferencia entre Comunidades es más que abrupta. Las que tienen los peores resultados rehúyen cualquier balance o análisis, paradójicamente. De nuevo, la culpa de esos tristes datos son el resultado de las acciones de los otros y si acaso alguien le recuerda a los máximos dirigentes de estas Comunidades que se equivocan y no hay otros a quién culpar, el culpable entonces, dado que hay que encontrar alguno desesperadamente, será el propio organismo evaluador. Y que el tiempo pase, como en anteriores ediciones, sin más. Así de simple, así de sencillo. Mucho más económico, por supuesto, en tiempo y esfuerzo, que analizar datos, factores y proponer, con carácter urgente, propuestas de mejora. Al fin y al cabo, dentro de varios meses, ya nadie hablará de ello y eso es lo que parece realmente importante, para poder seguir exhibiendo supuestos parabienes y culpar a los otros  de cualquier resquicio en ese Shangri-La en el que deberíamos creer, según imposiciones,  generalmente mediante vociferios populistas, de no pocos políticos y políticas en el supuesto poder, aprendices de brujo y de Mandrake el mago, pero que la inmensa mayoría no alcanzamos a ver. Quizás estemos ciegos o hayamos decidido voluntariamente volvernos discípulos de Edipo. O quizás es que nos resistimos a ir repitiendo como loros disciplinados consignas triunfales y de exaltación, única vía posible para rozar el Shangri-La tantas veces prometido, justamente ése que algunos han acabado, cual espejismo, por contemplar. Y unos pocos privilegiados, por habitar. Ventajas de pertenecer a la más alta cúpula de alguno de esas formaciones políticas, por más que con frecuencia, contemplando los perfiles correspondientes, nos preguntemos por el misterio insondable, incomprensible, irresoluble, de cómo precisamente esas personas han podido llegar a esos puestos de poder, por más relativo y transitorio que sea éste. Pero para muchos y muchas, lo importante es llegar, supongo. Y mantenerse el mayor tiempo posible, a toda costa. Por más que casi siempre el regreso sea extremadamente abrupto. Cosas de la política, la triste política y de esos futuros sociales que por culpa de todo ello, siempre serán más que imperfectos. Y no parece que exista pluma o estilográfica que sea capaz de enmendar este tiempo del verbo. 
En fin, un pequeño desahogo literario, en los primeros días de este año nuevo. Como decían Tip y Coll: "La próxima semana hablaremos del Gobierno". Felicidades a todos/as.
 

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