jueves, 6 de octubre de 2016

El beso

No era un beso robado por la cámara de Robert Doisneau. Eran jóvenes actores, los protagonistas de la fotografía Le baiser de l'hôtel de ville contratados, juntos a otros,  para un reportaje en el año 1950 para la famosa revista Life en donde el beso, en escenarios parisinos fácilmente identificables, era el protagonista. La reproducción de la fotografía, en la década de los 80, en formato cartel apaisado fue un éxito instantáneo y convirtió, con el paso de los años, a la fotografía como la más vendida de la historia. El símbolo del amor, en esa instantánea que parecía haber captado un momento fugaz de pasión y entrega mutua de dos jóvenes amantes. El éxito millonario de la fotografía propició lo más insospechado: no pocas personas reclamaban ser los protagonistas de ese beso, en la posibilidad de sacar dinero de todo ello. Sólo entonces Doisneau, ya anciano, se vio obligado a confesar que la fotografía era una escenificación, cuidadosamente preparada, pero simple recreación, en definitiva, de una realidad que no era tal. Un tema baladí, dada la expresividad de la famosa fotografía: la pareja se besa apasionadamente frente al Ayuntamiento de Paris, mientras los transeuntes dinamizan el barrido fotográfico, devolviendo cotidianeidad a la composición visual. Los amantes permanecen ajenos a ellos y al mundo, situándose en el centro de la imagen y de su propio universo. En su visualización, hay no pocas connotaciones de amour fou, de esperanza en un mundo aún en blanco y negro (el de la posguerra) y de un tiempo y un lugar que se han detenido para dar protagonismo a dos personas que se entregan sin reservas la una a la otra. Es la idealización de la eternidad romántica, el icono, quizás irrepetible, aún habiendo otros besos famosos en la historia de la fotografía, que todos tendríamos en la pared de nuestro salón como ese punto de fuga que nos permitiera soñar con ese Paris romántico, exaltación de los sentimientos, abundante en buhardillas con vistas al Sena, donde el queso y el vino nos darían fuerzas para seguir haciendo el amor con nuestra pareja. Soñar por un paseo por el Barrio Latino, extasiados de amor y soñar con ser los auténticos protagonistas de ese beso capaz de detener la marcha frenética del mundo. Y si en vez de soñar hacemos las maletas con nuestra pareja y tomamos el avión hacia Paris, dejando todo a nuestras espaldas durante unos días, aún mejor. Habremos tomado la decisión de convertir la idealización y los sueños en experiencia vivida. 

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