viernes, 23 de septiembre de 2016

Necesitamos héroes

Si bien Tina Turner, en la década de los 80 cantaba justamente lo contrario, en el contexto de un futuro apocalíptico, nada más necesario que un héroe en estos tiempos de Cambalache, en la voz de Carlos Gardel: ..."Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro generoso o estafador..." El pesimismo permanente, posiblemente; cabe recordar a Julio César, reflexionando en La guerra de las Galias: ".... tiempos éstos en los que la nobleza parece haberse extinguido...". ¿Cómo definir a un héroe? La primera epopeya de la historia es el Poema de Gilgamesh. El escriba Sin-leqi-unnini transcribe, vía cincel y martillo, quizás hacia 1400 a.C la epopeya, doce tablillas en las que este héroe mítico, de casi seis metros de altura, busca la gloria y la inmortalidad en su condición de semidios, a través de gestas y hazañas extraordinarias. Sin desdeñar, sin embargo, no poca crueldad, en la consecución de dichas gestas. El cineasta Raoul Walsh convirtió, a su vez, al General Custer, en principio una figura histórica en forma de un esquizofrénico xenófobo obsesionado por aniquilar a la nación india, paradójicamente, en un héroe en la pantalla, en aquella extraordinaria película Murieron con las botas puestas (1941). Y siguiendo con la estela cinematográfica, Louis Malle aventuraba la tesis que ser héroe o el más cruel de los traidores es una cuestión de mero azar, en Lacombe Lucien  (1974). El protagonista, al ser rechazado por la resistencia francesa por ser demasiado jóven, se convierte en un colaboracionista del régimen nazi especialmente desalmado. La ambivalencia humana nos hace, indistintamente, héroes o villanos. Podemos ser cualquiera de las dos cosas y mostrar el mismo entusiasmo en ambos roles.Simple cuestión de azar, quizás. Mera inconsciencia o amnesia histórica, tal vez. Dejemos en duda la voluntariedad de cualquiera de esos roles. Lo que habría que plantearse realmente es la inquietante idea de que quizás, estemos hablando del mismo rol, salvo esos matices enunciados por Emiliano Zapata, reflexionando sobre sí mismo: "El poder corrompe". El protagonista de El Extranjero, de Albert Camus, Meursaul, que vive indiferente a todo y a todos, representa la apatía como símbolo de una moral que le condena a muerte por dicha indiferencia, igual que se condena a un asesino.  A la gente no gusta que, uno tenga su proia fe, que nos cantaba Brassens. Meursaul es un villano dado que todos consideran que es imposible que sea un héroe. Stan Lee creó a todos sus super héroes de la Marvel contraponiéndoles villanos de altura, tan excepcionales como los primeros (Doctor Doom, Galactus), al mismo tiempo que la ambivalencia permanente se instalaba en Namor, príncipe de Atlantis. Análogamente, ¿qué serían de los personajes de Los gozos y las sombras sin la presencia del malo, malísimo Cayetano Salgado? Travis, el protagonista de Taxi Driver, hundido en la desesperación del nihilismo, al fallar su plan de asesinato, emprende a continuación e inmediatamente una matanza heroíca.
Me resisto a hablar de la clase política, pero cabe preguntarse cómo es posible tanta tamaña corrupción en tanto servidor público; quizás habría que volver a escuchar de nuevo la citada Cambalache de Gardel. O recordar ese lúcido retrato que nos ofrecía Woody Allen en Bananas del círculo vicioso que llevaba, ipso facto, de la aspiración a la democracia a la corrupción: "El poder soy yo", clamaba la divertida parodia de Fidel Castro.
Pero seamos sinceros: necesitamos héroes. Ejemplares, íntegros, espejo donde reflejarnos, faro de Alejandría, que sean capaces de transportarnos a la Atenas de Pericles y que consigan que volvamos a comunicarnos, los unos con los otros, con argumentaciones y retóricas dignas de una ética y moral propias de una especie, la humana, que parece extraviada en un siglo XXI, ajena e indiferente a la fotografía de un pequeño niño sirio ahogado en la playa. Ajena e indiferente a Omran, otro niño sirio que nos miraba sin parpadear, tras ese rostro cubierto de polvo y sangre. Esos héroes deberían recordarnos que la solidaridad es inherente a la condición humana. Y que Europa, cualquier país o cualquier localidad son mucho más que esos grandes líderes en esa gran foto de grupo. Los ciudadanos, en la calle, somos mucho más que dos, que nos cantaba Mercedes Sosa. Seamos héroes, por favor; aunque nos transformemos, al poco, en villanos, qué remedio. 


 



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