lunes, 19 de septiembre de 2016

En el camino

La reciente adaptación cinematográfica de la novela de Jack Jerouac (2012), On the road, con producción de Coppola y dirigida por Walter Salles (Diarios de motocicleta), tan fallida como interesante, colocó a la generación beat, de nuevo en el punto de mira de no pocos artículos que rememoraron  la ruta 66, el fervor al jazz y todos los aspectos bohemios tan propios de dicha generación, entregada no sólo al sexo y la droga a un ritmo desenfrenado: la verdadera búsqueda era la propia existencia, el encuentro con ese lugar en el mundo que aleja finalmente a los protagonistas del excepcional libro, una influencia en la literatura universal, tras su publicación, en el año 1957. El mayor problema de la adaptación cinematográfica era sortear el monólogo interior que caracteriza a los personajes y es muy discutible el resultado final, en la pantalla, si bien el mundo beat queda muy bien reflejado, con el tormento y éxtasis particular de sus protagonistas. Cabe recordar a algunos de ellos: el propio Kerouack, Neal Cassady, Allen Ginsberg... hasta llegar a ese mito literario, personaje de sí mismo que fue William S. Burroughs, el famoso autor de El almuerzo desnudo.

Cabría preguntarse que queda de una generación literaria muy influenciada por una suerte de liberación espiritual y de evidente influencia en la generación hippie posterior. La liberación sexual, de las minorías étnicas, así como de la mujer, tuvieron su desarrollo, en mayor o menor medida en la década siguiente con movimientos de masas culturales que son todo un hito: el verano del amor en el año 1967, en San Francisco (imprescindible un cómic de Robert Crumb, absolutamente desmistificador), la ópera rock Hair del mismo año (la también muy fallida adaptación cinematográfica de Milos Forman tuvo que esperar diez años), el celebérrimo Woodstock Music & Art Fair del año 1969, la película Easy Rider... Entre medias, el mayo francés del 68 bebía a su vez de no pocas de estas fuentes, si bien la política estaba absolutamente omnipresente. Se habla de que salvo la ecología y la liberación femenina, los valores propuestos por la generación beat han desaparecido por completo y cabría preguntarse
las razones. Las sociedades neoliberalistas parecen negar la posibilidad de la búsqueda interior a sus ciudadanos y en plena expansión, interminable, de las tecnologías de la información y la comunicación, poco camino físico puede recorrerse via plataformas de comunicación digitales y una cada vez más omnipresente invasión de los medios audiovisuales como plataformas de ocio. El jóven beat, en su idealización, dejaba todo atrás, incluidas personas y el camino abstracto se convertía en una búsqueda de camino interior, bien en una Harley Davidson, bien a traves de una espiral continua de sexo y drogas. El camino era ese lugar mítico que se encontraba, sorprendido, el esclavo que escapaba de La caverna de Platón. El camino de las baldosas amarillas. El desierto donde un aviador francés va a encontrarse a un niño muy especial. La ruta que recorre Charlie Marlow en barcaza, atravesando el Congo, para encontrarse con el Coronel Kurtz (al ritmo de la voz de Jim Morrison y su The End). El periplo vital de Oliver Twist en los suburbios londinenses. Los hermanos Polo descubriendo el mundo a la ruta de la seda. Miguel Ángel pintando la Capilla Sixtina. Y tú mismo, que me lees ahora, si eres capaz de desprenderte de materialidades inútiles, inhibiciones surgidas de lugares que no existen y no pocos temores que la rutina de los días nos impone. Salgamos de ahí y encontremos nuestro propio camino. Nos está esperando. 

Gracias por leerme, un saludo.

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